Una gorda en la FIL

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Pocos son los años que me decido ir a la FIL, en realidad a mi me gusta leer las novelas de moda, libros prestados y literatura infantil, de modo que para mí es muy fácil encontrar todos los libros que yo quiero al alcance de mi mano.

Sólo en 2 ocasiones he ido con una misión en específico. La primera fue hace como 4 años, para comprar el cuento “El ángel del abuelo”, de una artista alemana que nunca encontré en México hasta que llegó la FIL y la otra, cuando andaba saliendo del clóset y había varios libros para gays (niños) y ninguno sobre una posible lesbiana que no sabía si lo era y qué requisitos debía de tener. En fin, ayer regresé y ésta vez fue sólo para pasar el rato.

Me impresionó el tráfico tan intenso y la fila que le daba la vuelta a la Expo Guadalajara, para comprar el boleto. Me decía la chica con la que iba “ay si, ¿a poco todos leen?, nada más venimos para hacer Check in, si dejaran realmente a los lectores, esto se vaciaría inmediatamente”.

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Ud me gusta…

Me-dueles

Debo de confesar: cuando se trata de tarea, siempre dejo las cosas para la última hora, así que a pesar de que tenía toda una semana para realizarla, la termino haciendo el mismo día, a unas horas de que me la “revisen”, la tarea de ésta semana se trataba de autoestima y cosas que me gustan.

Justo ayer pensaba en eso, me dije: “Arely, hoy te saltas los cursos de la noche y te vas directito a tu casa a concentrarte y escribir”, porque aparte el tema de la tarea siempre me ha conflictuado y en esas andaba, cuando recibo una agradable invitación para cenar (siii…con esa persona :3), no me la pensé dos veces (bueno si, sólo para pensar si me veía medianamente presentable) y como siempre, cuando uno está en disposición, mi tarea se tornó más fácil.

Una vez que se había acabado la cita, me di cuenta de que había muchas cosas que me gustaban, de manera que ya tenía la mitad de la tarea.

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La historia de Esteban y Ruth, una historia de todos

Dialogos-de-una-gorda-No-hacer-nada

Por lo regular no me gusta escribir acerca de otras personas, pero creo que este evento lo amerita, ya que me puso a pensar en una situación, por la que llegamos a pasar la mayoría de nosotros.

Hace algunas semanas, me encontré en una reunión a un amigo, él iba de salida y yo apenas iba arribando, me lo topé casi de frente y de entrada, no lo reconocí, estaba más delgado, un poco ojeroso y a decir verdad lucía un poco enfermo. Tal vez un resfriado común. El iba tan deprisa que en lo que reaccioné ya se había ido. Hace unos momentos, me lo volví a encontrar y recién acabo de hablar con él. Ésta vez lucía mucho mejor, definitivamente le sentaba bien esos kilos de menos y su semblante se veía menos enfermo que la anterior vez. Ahora sí que pudimos hablar.

-¿Cómo estás? Hace tiempo que no hablamos- le pregunté

-Pues….las cosas han ido mejorando. Si me hubieras visto hace un par de semanas, te hubieras asustado un poco.- me dijo esbozando una pequeña mueca, que quise interpretar como una sonrisa.

– De hecho, si lo hice. Te ví en la reunión de Claudia. ¿Cómo está Ruth?.- Ruth y Esteban eran esa clase de novios que existen en todos los grupos de amigos, llevaban 5 años juntos, todos esperábamos que eso terminara en boda, los dos eran apuestos, en las reuniones siempre estaban juntos, se daban detalles todo el tiempo, en fín, eran de esas parejas que dan envidia a todo el mundo. Ver a Esteban sin Ruth o a Ruth sin Esteban, era como comer tacos sin limón. Tal vez, fue por eso que no me imaginé el impacto de mi pregunta. Inmediatamente se le rozaron los ojos y yo angustiada, no sabía dónde meter la cabeza.

-Ruth y yo ya no estamos juntos.- me dijo bajando la mirada.

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Natalia me llegaste hasta la raíz

 

 

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Pocos discos como éste, me habían marcado tanto. Ahora que Natalia se lleva varios Grammy, entonces hago un recuento de todo lo que significó este álbum para mí. Llegó en el momento justo en el que lo necesitaba y cada canción fue profética en un ciclo que (aunque yo no tenía claro en ese momento) iba cerrando en torno a la persona que amé.

Canciones como “Hasta la raíz”, fueron las que me mantuvieron de pie, bajo la tormenta que se avecinó y me hicieron aferrarme tanto como lo necesité. En los momentos felices, “ Mi lugar favorito “, me recordaba ese recoveco en dónde me sentía a salvo, cuando mi “amor” estaba intacto aún, sin tantos raspones. Me puso a reflexionar con “ Nunca es suficiente “, y me lo reafirmó con el videoclip, en las relaciones codependientes en las que nos vemos envueltos, un ir y venir, ser perseguido o perseguidor.

Lloré amargamente con “Lo que construimos”, pensando en los años que nos llevó construir tanto en torno a una relación, se me encogió el corazón diciendo “…yo no aprendí a soltar amores “ y traté de aminorar el sufrimiento con la canción “Para que sufrir”. Y me detuve ahì, escuchando una y otra vez. Me empecé a asustar cuando escuché la canción “Me voy de casa”, porque tanta casualidad no podía ser cierta.

Finalmente caí en las últimas canciones y las más maravillosas, llenas de amor, desapego y por fin, mi corazón se abrió ante la posibilidad de “No más llorar”, “Partir de mi”, “Duele”, para rematar en un sincero “Estoy Lista”, que fue mi mantra de los últimos días en ese proceso…….al final me quedé con el “….dejar que el tiempo a su momento, me cure toda de ti”.

Para mí ha sido un disco sanador, una trayectoria, una descripción de un proceso que todos en algún momento tuvimos que vivir.

Gracias Natalia y felicidades.

Aprendiendo a Soltar

Como-aprender-a-dejar-ir-a-las-personas

Creo que dejar ir a una persona, es la forma más hermosa de amar a alguien. Implica soltar tu egoísmo y desear la felicidad de la otra persona, antes que la tuya.

Yo soy nueva en esto de soltar. He leído que se debe de hacer con mucho amor. Sin enojos, sin rencores, sin esperar nada a cambio, pero sobre todo sin esperar que regrese.

Esa típica frase de si tienes un amor déjalo ir, si regresa es tuyo, si no lo hace es que nunca lo fue, creo que es una trampa.

No sueltas a nadie, esperando que regrese, porque entonces no lo estás haciendo por amor, lo estás haciendo para probarlo, lo estás haciendo para que vea “de lo que se perdió” y a final de cuentas es una manera hipócrita de disfrazar un acto tan hermoso y desinteresado.

Difícil es tomar la decisión de decirlo, pero lo verdaderamente complicado viene después, Sigue leyendo

Me dueles

Me-dueles

Quiero compartir esto que se coló en mis manos. Para respetar el anonimato de la chica que lo escribió, supongamos que se llama Karla.

Hoy desperté abrumada por la obscuridad de la madrugada, aturdida, desubicada. Lo primero que pensé fue ¿Acaso estaba soñando? Por unos segundos me alegré, aquello por lo que estaba sufriendo, era tan sólo un sueño, ¡claro!, no era la primera vez que me pasaba. Pero la oscuridad se disipó, mi mente se aclaró y en tropel, como crueles disparos uno tras otro, recordé. Recordé porqué mi almohada estaba aún húmeda, recordé porqué llevaba días sin comer (aunque para alguien gorda como yo, no afectara), en breve sentí las punzadas en mis pies. Las heridas y la sangre pegada a mis sábanas, que me salieron por caminar, correr, en un sinfín de emociones durante horas, sin rumbo fijo, sin claridad, sin saber que quería, a dónde iba y sin que me importara realmente. Recordé todo, se me aprisionó el aire en el pecho y me desperté por completo. Las 4:55 am.

Mi mente, más veloz que mi razón, se puso a trabajar. Me acosó con preguntas, me acosó con recuerdos, me acosó con reclamos.

Y en ese momento, ese momento a oscuras, con nadie más que sólo yo, me abracé, me encogí en la cama con las rodillas en el pecho, como si de un feto se tratara y sentí el dolor más intenso que hasta ese entonces había experimentado, lo único que susurré fue un “Me dueles”. Y aunque lo más seguro es que sólo yo me haya escuchado, salió desde lo más profundo de mi ser, desde el grito más desesperado de mi alma, salió y no pude más que echarme a llorar como un chiquillo que se ha perdido, sin reparos, sin pensar en nadie más, en la desolación más profunda. “Me dueles”, me repetí entre sollozos. Me duele haberte perdido, me duele no haber hecho nada más por ti, me dueles Karla y me dueles mucho.

No era autocompasión, no era conmiseración, no sentía lástima por mí, ni quería la aprobación ni el consuelo de nadie. Sólo me dolía mi “Yo”, me dolía a mí misma, me dolía la Karla que había estado habitando en mí. No era la misma de hace unos años, me perdí en el camino. Me falté al respeto una y mil veces, me humillé, falté a mis principios y por ende le fallé a mis seres más queridos, herí a varias personas, dejé salir a mis peores demonios. Me degradé, pequé contra mi cuerpo, cometí acciones que mi “yo” original, nunca hubiera permitido, obré con malicia, con descaro, no me hice consiente de mi misma, me abandoné, dejé de poner límites hacia mí persona y con los demás, me esforcé en tener, no en ser. Me desprendí de mi amor y lo deposité en la persona menos capacitada. Aún recuerdo la carta-contrato en la que literalmente le entregaba todo,  pero el problema no era a quién se lo había dado o lo que había hecho con él;  lo que me dolía es el hecho en sí de haberlo regalado, de quedarme sin nada, ni siquiera guardé algo de amor propio para mí. Antepuse mis necesidades, por alguien que me necesitaba. Volqué mis esfuerzos en ver lo que estaba haciendo mal la gente, me quebré la cabeza pensando en qué podía hacer para ayudarla, para calmar su dolor, curar enfermedades incurables. Me convertí en rescatista y salvadora de la humanidad.

Me dolía, sí. Sentí las punzadas del dolor, recorriendo mi cuerpo, deteniéndose en mi estómago, en mi garganta. Me preguntaba, ¿En qué momento dejé de ser yo?, en qué momento maté mis ideales, mis ganas de ilustrar, mis ganas de escribir, aprender, viajar, cuándo fue que perdí el ánimo por nutrir mi alma, por aprender más de mi misma, por hacerle caso a mi cuerpo. Que parte me perdí, cuando de pronto, me encontraba en una depresión disfrazada de pereza, sin ganas de atender mi espacio, sin ganas de cuidar mi persona, sin el ánimo de pedir ayuda.

Silencio. Eso sí lo sabía, no lo había querido reconocer, pero muy dentro mío lo sabía.

Sabía que si pedía ayuda, la respuesta inmediata, sería dejar muchas cosas, muchos hábitos, desapegarme de ciertas personas, trabajar duro y hacerme de una fuerza de voluntad que no sabía de dónde iba a sacar, porque también se perdió conmigo.

Por eso no pedí ayuda, por eso me alejé de todo lo que me recordara que no estaba viviendo bien,  por eso me dejé llevar, por eso pensé que no era yo la que tenía que cambiar, era todo lo que estaba a mi alrededor y lo único que hice fue perderme más, a cada paso y en cada día transcurrido, iba ocultando mi ser, mi esencia y me iba pareciendo a alguien más, alguien desconocido, alguien que no era yo y me olvidé. Me olvidé tanto que ésta última tormenta por la que me dejé llevar, me arrastró y me llevó consigo, como un árbol en medio del caudal, porque sí, eso era….un árbol sin raíces.

Así estaba mi yo interno, en esta madrugada. Así que cuando una amiga me dijo: “Antes de estar con esa persona, ya eras Karla” y “Tú eres la responsable de tu felicidad”, fue entonces que decidí qué hacer con mi dolor. Irremediablemente va a estar ahí, el tiempo que necesite estar, pero bien dicen que el dolor es inevitable y el sufrimiento opcional. Así que tomaré ese dolor, para impulsarme. Será mi mantra de cada día. Las crisis son momentos de cambio, yo lo he vivido, nadie me lo cuenta. Lo sé y tengo fe en ello. Sé que no es fácil, pero la recompensa es grande. Me quiero encontrar, de verdad que lo quiero hacer, estoy en proceso y usaré todo lo que esté a mi alcance para lograrlo, sé que lo voy a lograr, porque quiero ser una mejor persona, porque sin querer, eso va a beneficiar a las personas que me rodean. Quiero reconciliarme con mi parte de luz y aceptar mi parte oscura, para que no me tome por sorpresa y para resarcir los daños que causé. Y una vez que me encuentre, no me voy a quedar ahí, porque también esa Karla del pasado necesitaba una transformación, pero una transformación para bien.

Aún así, ella será mi aliciente para empezar, mi modelo a seguir. Sé que cuando me encuentre, será maravilloso y sé que el proceso será difícil, pero es un camino, que ya estoy andando y que voy a recorrer hasta el final, para que ese “Me dueles, Karla, se trasforme en un incondicional “Te amo, Karla”.

El difícil arte de hacer NADA

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Estoy pasando por una pérdida emocional. Si, ya sé que no soy ni la primera, ni la última, más sin embargo, una de las lecciones que he aprendido a lo largo de mi vida, es a hacer nada.

“Cuando no sepas que hacer, no hagas nada”

-!!!¿Cómo???!! – me pregunté yo, hace algunos años. No entendía la filosofía, pasaba por tantas cosas que requerían de acción, necesitaba definir las cosas y las necesitaba ¡ya! El problema es que no sabía cómo. No tenía ni la más mínima idea, en mi cabeza sólo había dudas, incertidumbre, desesperación, ansiedad y urgencia. Todo mi mundo se había volteado de cabeza y ahí estaba yo, tratando de no dejarme vencer, de sacar soluciones. Intenté muchas cosas y lo único que hacía era acrecentar más las dudas, meterme en un sinfín de problemas, hiriendo gente a diestro y siniestro. Hasta que alguien me dijo esa incomprensible frase.  Y aunque no la entendía, decidí llevarlo a la práctica, un buen día, en lugar de cuestionarme, no hice absolutamente nada. Dejé que el día corriera y empecé a aceptar. Acepté por ejemplo, el hecho de que era gay, pero… ¿Qué iba a pasar si resultaba que no?!No podía hacer nada en ese momento! No lo iba a resolver en ese minuto, las cosas estaban pasando así. Si llegaba a sentir que no, pues entonces ya haría otra cosa. Y poco a poco, se fueron apagando mis crisis ansiosas que no son otra cosa más que exceso de futuro, y fui saliendo de la depresión, qué es exactamente lo opuesto, vivir en el pasado. Y entonces descubrí el maravilloso arte de no hacer nada.

Así aprendí muchas cosas más. Por ejemplo que hay límites y que tienes que diferenciar si es el momento de aceptar y no hacer, a cuando llega el momento de actuar. Yo siento que debe de usarse, sólo cuando a una duda, respondes con otra pregunta y mientras te enfocas en uno sólo de tus problemas. Siempre uno a la vez. Verás que sin pensarlo, se van resolviendo los demás, poco a poco.

Hoy vuelvo a pasar por la misma situación. Después de varios años, he vuelto a sentir ese nudo en la garganta, ese miedo en el estómago. Volví a golpear paredes preguntándome ¿Qué hacer?, ¿A quién recurrir?, ¿Cómo solucionarlo?, ¿Qué es lo correcto?. Tantas cosas pasaban por mi mente y me creía tan a salvo de mi misma, que actué sin pensar. Herí los sentimientos de algunas personas, incluidos los propios. Tal vez el daño está hecho, pero en mis manos está el no seguir haciéndolo. A veces necesitas rayar ciertos límites o tocar algunos fondos, para darte cuenta de que necesitas ayuda. Si estás pasando por algo similar, escucha bien esto: no lo hagas solo. ¡Busca ayuda! Profesional, alternativa, médica, psicológica, religiosa; la que quieras. El chiste es bajarle un poquito al orgullo, a la mentalidad que tenemos los humanos de no rendirnos. A veces rendirse, es hacer todo lo contrario. Por eso hoy, aunque mis impulsos son muchos, quiero dejar de meter la pata… así que hoy decidí no hacer nada. Cuando tenga claridad actuaré, cuando mis pensamientos, mis sentimientos y mis acciones estén coordinadas, entonces será el momento. ¡Deséenme suerte, estoy fuera de práctica!