Mi papá no es un Superhéroe

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Mi papá no es el superhéroe que todos dicen que debe ser. Según la Real academia española, éste término se usa para aquel personaje de ficción que tiene poderes extraordinarios. Pues bien, mi papá es muy real, tiene cédula de identificación, licencia de manejo, cédula profesional y bueno, es tan palpable, que me ha tocado abrazarlo en miles de ocasiones. Y no, hasta la fecha no lo he visto levantar cosas con la mente, lanzar rayos láser a los tipos que me sabrosean en la calle  o salir volando para salvar la ciudad.

Mi papá es más que eso, mi papá es humano. Yo no sé, no voy a generalizar hablando por todos los papás del mundo, sé que hay muchos que estuvieron ausentes, sé que hay otros tantos que dan miedo, pero el mío…..caray, el mío es lo máximo.

Él siempre estuvo ahí, era esa persona que sin poderes especiales, sacrificó su tiempo para regresar cansado del trabajo y por las noches ponerse a planchar la ropa de toda la familia, para ayudarle con la carga de la casa a mi mamá, esa persona que sin tener la sabiduría mundial producto de un accidente científico, siguió estudiando la universidad para sacar la carrera, aún cuando ya tenía un hijo en camino. Y lo mejor de todo, años más tarde, después de terminar de ayudar a mi mamá, se sentaría a repasar las lecciones de matemáticas con sus hijos.

Claro, no era el más paciente, a veces se desesperaba cuando le decía que un kilo de rocas, pesaba más que un kilo de algodón. Seguro también se decepcionó cuando en el examen respondí que una carreta con “ruedas” cuadradas, avanzaba más rápido que una con llantas redondas. Y sin embargo seguía sentándose cada noche, con cada uno de mis hermanos, hasta que finalmente en algún punto de nuestros estudios superiores, aceptó que ya no se acordaba de todo. El estudió una carrera en específico, pero no sabía que además se convertiría en fontanero, carpintero, electricista, azulejero, arquitecto, fumigador, pintor, mecánico y todo lo que pudiera necesitar de esas manos que con el tiempo se hicieron duras y callosas de tanto trabajar.

Mi papá es como todos los humanos, necesita de cierto número de horas de sueño y de momentos de recreación y descanso.

Pero eso no fue impedimento para que en las noches que me encontraba enferma, interrumpiera su sueño y se levantara de la cama cada cierto tiempo, para tocarme la frente, verificando con la palma de su mano si la fiebre que tenía iba en aumento o se mantenía en un rango razonable.

Fue el mismo que me ayudó a cubrir las huellas cuando accidentalmente mojé la cama, para que mi mamá no se diera cuenta (mi mamá también contribuyó, fingiendo que no escuchaba el sonido de la lavadora), además soportó esa etapa en la que tocaba a su puerta a media noche, llorando porque había tenido la peor de las pesadillas: el payaso “ESO”, atacaba de nuevo.

Ahora que soy adulta, y tengo todas las responsabilidades de llevar un trabajo formal, me imagino la cara que ha de haber cargado en el trabajo al día siguiente, después de una noche de desvelo y sin embargo, se paraba puntualmente a las 5:00am para bañarse, rasurarse (aunque al final del día ya le había crecido la barba, esa que me raspaba cuando me besaba la mejilla), ponerse cuidadosamente la ropa, que mi mamá ya le había dejado preparado en la cama y llevarnos en el coche a la escuela. El primer viaje para la secundaria de mi hermana, el segundo para la preparatoria del mayor, el penúltimo para mi primaria y sólo así, después de despedirnos trazando una cruz imaginaria sobre nuestros rostros, un beso y un par de monedas, sólo así, era cuando podía emprender el viaje a su trabajo.

Despertar-temprano

Uno pensaría que con tantas responsabilidades, fuese un hombre serio, con alto sentido de la responsabilidad, pero te dabas cuenta rápidamente que no podía ser un superhéroe cuando se reía si me caía corriendo por ahí, o las carcajadas que descaradamente soltaba haciendo enojar a mi hermano.

Todavía recuerdo aquella vez que llorando, le enseñaba un raspón en la rodilla y con cara de preocupación me preguntó: “Porqué te pasó eso” y en el preciso momento en el que empezaba apenas a  soltar toda mi burda explicación, me interrumpía diciendo: “Por tonta”, seguido de su risa traviesa, esa que tanto le caracterizaba cuando además quería disimular que una película le había sacado un susto, o cuando se burlaba de la forma de vestir de mi hermano cuando alcanzó la pubertad.

Ojalá algún meteorito radioactivo le hubiera dado la fuerza de mil hombres, porque seguro la necesitó cuando cargaba a esta gordita sobre sus hombros, para poder mirar el espectáculo de la explanada de la plaza, seguramente también habrá necesitado esa fuerza sobrehumana para perseguir y poner quieto a mi hermano cuando había que inyectarle algún medicamento o cuando le saltábamos encima aquellas mañanas de domingo para despertarlo.

Pero hay una fuerza, esa fuerza interior, que me llegaba a sorprender incluso más que la de sus músculos.

Esa fuerza para vernos crecer y dejarnos aprender solos las cosas en la vida que uno tiene que aprender cuando es adulto para empezar a separarnos de él, esa fuerza que le hizo reprimir las lágrimas aún cuando ya llenaban sus ojos, para verme partir el día que me fui de la casa o cuando tuvo que reprimir todo ese sentimiento cuando le presenté a mi primer novio.

Esa misma que utilizaba cuando se quedó si trabajo y tenía que sacar adelante a una familia de 5 personas, aquella para repetirme una y mil veces, sobre todo en los momentos más difíciles que él nunca me iba a dejar sola y que el haría cualquier cosa, lo que sea, por su familia. Y lo hizo y lo hace hasta la fecha.

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Yo podría seguir llenando miles de hojas y hojas hablando de él y de cómo sin ser superhéroe, logró más cosas que uno de ellos, expresando que siempre ha sido mi referencia cuando el trabajo me agobia y me repito “mi papá a mi edad, podía con esto y más”, también podría contar que hay muchas cosas que hago en la vida donde mi único pensamiento es que se pueda sentir orgulloso de mí, para que vea que valoro todas y cada una de las cosas que hizo por mí, que quiero retribuirle de alguna forma todo eso, que algún día quiero tener los medios para que nada le falte, así como el se aseguró de que no tuviera ninguna carencia, para que no se preocupe por nada, para decirle a él y a mi mamá que ya se pueden dedicar a ellos, que muchas gracias por regalarme sus años de juventud, que para mí no hay diferencia entre mamá-papá, que para mí eran un equipo y que algún día, espero formar mi propio equipo y poder repetir todo lo bueno que ellos me dejaron.

Este día, en mi país, es para festejar a los papás, a veces creo que son festividades creadas por los medios de comunicación para fomentar el consumismo, pero es un buen día para que se sienta todo lo especial que realmente es. Para que, si tu tuviste la suerte de tener un papá así, le hagas saber todo lo que significa en tu vida.

Feliz día para todos los papás, en especial para mi viejito. Te amo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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